martes, 7 de junio de 2011

"El ángel del Diablo" - Naru (1ª parte)

Hoy, como primera entrada perteneciente a la categoría "literatura" subimos uno de mis últimos relatos: "el ángel del diablo". Lo subiremos en 3 o 4 partes (una cada día) para que no sea tan pesado de leer. Esperamos que os guste, que os animéis a leerlo y, sobre todo, a opinar con total libertad.
Un saludo: Naru - Correo: naripa666@gmail.com - Tuenti: Mangaka Dibujos Comic (para que podáis contactar con nosotros y/o mandarnos vuestros trabajos).
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EL ÁNGEL DEL DIABLO - Parte 1 (texto protegido por Save Creative)

Cada noche era igual. Leonor siempre se dormía escuchando el misterioso aullar de los lobos, sumida en el profundo silencio de la noche. Cerraba los ojos y soñaba, como mecida por la suave brisa primaveral. Para ella el llanto de aquellos canes era la más dulce melodía que cualquier hombre había osado escuchar jamás.

-         ¿Por qué aúllan? ¿De qué se lamentan? – se preguntaba cada madrugada mirando a través del cristal de la ventana y sosteniendo con su tersa mano el viejo candil que, con una tenue luz, iluminaba la habitación.

Leonor vivía sola. Había pasado los veinte años de su corta vida en aquel lugar. Solo había conocido a su madre, la cual la había abandonado para irse a la ciudad cuando ella era aún muy pequeña. La única compañía que ella necesitaba eran aquellas luces que, fielmente, yacían allí arriba, que solo salían de noche, como si de día se sintiesen tan sumamente cansadas que se fuesen a dormir.

Esa noche el cielo estaba perfectamente estrellado, como si alguien, con sumo cuidado, hubiese colocado allí cada estrella, borrado cada nube y acercado a la tierra la luna llena. Leonor, una vez más, se sentó en el alféizar de la ventana sintiendo la suave brisa en su largo cabello negro. Tras largo rato mirando el firmamento percibió, tras unos arbustos, un leve sonido como si alguien hubiese movido las hojas. De entre las sombras un lobo blanco apareció haciendo que la habitual respiración pausada de Leonor se acelerase. El bello animal la miró y, saltando enérgicamente, entró en la vieja casa. Ella, sobresaltada, se apartó pero vio que la mirada del lobo le resultaba familiar y eso la tranquilizó ligeramente. El can, ayudándose de sus fuertes garras, levantó una tablilla de entre tantas que cubrían en suelo de la estancia y sacó cuidadosamente un grueso libro negro que, con extraña timidez le acercó a Leonor dejándolo caer sobre el suelo, ante ella. En las gruesas tapas del libro resaltaban unos curiosos símbolos escritos en blanco. Con la respiración entrecortada volvió a mirar al lobo, quien no se quedó quieto y le acercó la tablilla que, anteriormente, había levantado. En ella estaban grabados dichos símbolos y su letra equivalente en el alfabeto occidental. De pronto recordó la curiosa conversación que había mantenido con su madre unas semanas antes de marcharse. Ella le había hablado sobre un derivado del alfabeto rúnico y sobre algo relacionado con la magia. Comenzó a descifrar aquellos símbolos con ayuda de la tablilla.

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