domingo, 12 de junio de 2011

"El ángel del Diablo" - Naru (3ª parte y última)

EL ÁNGEL DEL DIABLO - Parte 3 (Texto protegido por Save Creative)

Tras terminar de leer se acercó a la chimenea y echó la carta al fuego. Se quedó mirando hasta que la avivada llama  la redujo a cenizas.

-         ¿Así está bien, madre? – dijo girándose lentamente y dirigiéndose al animal, que la miraba intrigado.

Acto seguido un fuerte olor a azufre supuró por el viciado ambiente de la estancia haciendo que Leonor y Helen torciesen el gesto molestas por el hedor.

-         Cuanto tiempo – susurró una voz grave proveniente de una enorme grieta que, como por arte de magia, se había abierto en el suelo.

La temperatura comenzó a subir hasta el punto en que madre e hija se sintieron bruscamente mareadas.

-         Tú… ¡¡tú me has engañado!! – gritó la tenebrosa voz al tiempo que una enorme y fuerte garra salía de la grieta, arrastrando a Helen, sin ninguna dificultad, hacia el infierno.

Leonor no supo cómo reaccionar. ¿Qué debía hacer? Se sentía débil, inútil. Su madre, atrapada en el cuerpo de un lobo, aullaba. Fruto del bien y el mal, ¿quién ganaría? Algo se apoderó de ella, sintió como si mil demonios se desprendiesen de su cuerpo, el cual comenzó a arder. En su mente aparecieron más y más runas, símbolos que no pudo evitar recitar. A medida que hablaba todo se volvía más negro. La voz de Lucifer ahora era más débil. El mismo demonio gritaba pidiendo auxilio. Leonor ya no veía a su madre ¿dónde estaba? Contuvo las ganas de correr a buscarla y siguió concentrada, reproduciendo cada mensaje en forma de runa que nacía en su cabeza. Su voz se alzó y su cuerpo ardió más ferozmente.

-         ¡¿Lo sientes?! ¡¿Lo sientes ahora, padre?! ¡Fusión del bien y del mal! Soy el ángel y el demonio, el poder neutro… Ya nada puedes hacer... ¡Fuera de mi reino! – gritó Leonor percatándose de su gran potencial.

El fuego cesó reduciendo todo a cenizas, excepto el libro que su madre le había entregado, cuya portada había cambiado tras la lucha y que ahora ponía “todo sobre la magia neutral”.
Lucifer, molesto por haber sido derrotado por su propia hija (con quien pretendía compartir su poder y sus obligaciones), regresó al infierno, dispuesto a dejarla supervisar la tierra.
Leonor caminó hasta Helen, por quien no sentía nada, ni cariño ni odio (como por el resto del mundo, ya que la neutralidad, en todos los aspectos, corría por sus venas). Helen, volviendo por última vez a su antigua forma humana, abandonó su cuerpo repleto de quemaduras para ascender hasta el firmamento, desde donde observaría a su hija eternamente.
Leonor, en cambio, a pesar de sus repentinos cambios de personalidad (unas veces abundando el bien y otras veces el mal), permaneció en la tierra instruyéndose, gracias al libro de la neutralidad, para asegurarse en cada momento de que el bien y el mal convivían en perfecta armonía.

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